Gestionar para crecer o… gestionar para valer más

Durante los últimos años, las empresas han podido operar en un entorno excepcionalmente favorable, especialmente desde el punto de vista financiero. Tipos de interés bajos, abundancia de liquidez —impulsada por la actuación de los distintos bancos centrales— y reducidos niveles de aversión al riesgo han permitido sostener estrategias de fuerte crecimiento sin prestar la debida atención a la rentabilidad obtenida.

Pero este contexto ha cambiado. Y no precisamente para mejor.

Una financiación más cara, el aumento de la deuda pública global, una mayor exigencia regulatoria —especialmente por parte del Banco Central Europeo sobre el sistema financiero— y la creciente incertidumbre geopolítica han configurado un nuevo escenario: el capital se ha vuelto más exigente y costoso y la disciplina financiera vuelve a ser un factor determinante.

En este contexto, la gestión empresarial requiere una revisión profunda de sus objetivos y prioridades. El crecimiento por sí solo deja de ser el principal indicador de éxito, si es alguna vez alguien pensó que lo era. Lo verdaderamente relevante es la capacidad de generar valor sostenible a través de un crecimiento rentable.

El valor de una empresa no es una magnitud abstracta. Es la expresión económica de un conjunto de factores: la solidez de su modelo de negocio, la calidad y estabilidad de sus flujos de caja, la rentabilidad del capital empleado, la adecuación de su estructura financiera y su capacidad para resistir escenarios adversos.

Cuando la gestión se orienta exclusivamente a incrementar ventas o el “famoso” EBITDA, sin considerar el coste del capital y el riesgo asumido, puede generarse un crecimiento que no necesariamente incrementa el valor económico de la empresa.

La diferencia entre beneficio contable y creación de valor radica en un elemento clave: que la rentabilidad obtenida supere el coste del capital invertido. Y este principio básico de la gestión empresarial es frecuentemente ignorado, cuando no directamente desconocido.

Crear valor implica generar retornos superiores al coste del capital asumido”.

Las entidades financieras están sometidas a mayores exigencias regulatorias, lo que implica criterios más estrictos en la asignación de recursos. La financiación se vuelve más selectiva y sensible a la calidad y previsibilidad de los flujos futuros.

Paralelamente, los inversores exigen mayor claridad en la generación de retornos ajustados al riesgo.

Este entorno penaliza los modelos cuyos negocios o inversiones no generan retornos suficientes y premia a aquellas empresas con estructuras eficientes, resilientes y disciplinadas en sus decisiones de inversión.

En este contexto, realizar un ejercicio riguroso de valoración deja de ser una ocurrencia puntual y se convierte en una herramienta estratégica para la correcta toma de decisiones y la gestión de la compañía.

Una valoración permite identificar los verdaderos inductores o drivers de creación de valor, evaluar el impacto de las decisiones estratégicas, determinar la estructura financiera más adecuada, priorizar inversiones y alinear la organización con objetivos orientados a incrementar el valor de la empresa y del accionista en el medio plazo.

Gestionar con foco en valor implica incorporar sistemáticamente una pregunta en la toma de decisiones:

¿Este nuevo proyecto incrementa el valor económico de la compañía y crea valor para el accionista?

Cuando esta forma de gestión se integra en la cultura empresarial, la empresa mejora su capacidad de asignación de recursos, fortalece su posicionamiento financiero y aumenta su resiliencia frente a ciclos adversos. Esto es lo que se denomina el “value based management”.

El entorno actual no penaliza el crecimiento; penaliza el crecimiento sin rentabilidad suficiente (por encima del coste del capital). No cuestiona la expansión; cuestiona la expansión sin disciplina (sin creación de valor).

Por ello, la dirección empresarial debe evolucionar desde una lógica centrada en el volumen hacia una lógica centrada en la creación de valor.

Gestionar para valer más no es una sofisticación financiera. Es una necesidad estratégica en un mercado donde el capital tiene un coste real y la incertidumbre es estructural.

“Hoy, si no estás creando valor, lo más probable es que lo estés destruyendo… aunque no lo notes en el día a día”.

 

Santiago de Santos

Director del área de Corporate Finance